
Ahhhh la gente, viene en todos los tamaños, colores, olores y estoy segura que hasta sabores. Cada persona con sus pequeñas vidas armadas, muchas ni siquiera se dan cuenta de que son parte de algo mucho más grande. Van por la vida, pues así, sacando las cosas poco a poco... con un montón de complicaciones en la vida y pocas veces con sentido común. No se si le pase pero a mi me resulta gracioso ir enel coche asomada por la ventana. Un tipo por allá rasca las ideas que escurrieron del cerebro hacia su nariz.. no creo que sean tan buenas ideas, otra señora parece malabarista porque maneja, se maquilla y habla por teléfono a la misma vez, del otro lado un jóven cantando lo que probablemente sea su canción favorita por la pasión con la que la interpreta, claramente deja de hacerlo cuando se da cuenta de que estaba dando un concierto. Ahhh, definitivamente la gente es mi animal favorito para observar, nada de pájaros ni nada, la gente es mucho más divertida.
Estoy sentada en el restaurante del hospital, recargandome en mis brazos mirando hacia la ventana... me gusta ver, ver las caras, la ropa, la forma de caminar. Entonces trato de hacer una historia.
Pasa una señora, de esas que parece que no conocen el significado de casual y siempre parecen salidas del salón de belleza, a lo mejor vino con un cirujano a borrar las líneas de la experiencia de su cara, 2 ex esposos, casa en el pedregal (probablemente con una alberca que no ha sido estrenada), chofer, una señora con una vida "perfecta"... mientras se aleja suena su celular.... era su hija adolescente, diciéndole que necesitaba unos zapatos nuevos porque los que le compraron la semana pasada ya están "out".
Ahora pasa un señor de camisa azul y pantalones negros, me recuerda a mi abuelo, ya saben de esas personas que en las bolsas de la camisa llevan peine, pluma y celular. Camina con flojera, como si no quisiera llegar... no quiero imaginar con qué tipo de doctor va. Pobre...
Mira. Un vendedor de lotería. Nadie le quiere comprar un boleto. No entiendo por qué, en ests tiempos de crisis lo último que debe morir es la esperanza... si tuviera dinero le compraría uno. Está aquí desde las siete de la mañana, viene en camión desde los pueblos que están aquí cerca. Viene temprano para acabar antes y poder regresar con su bebé, ayer aprendió a decir "mamá"... el "papá" n puede tardar mucho, odiaría perdérselo.
Una mujer vestida con pantalones de mezclilla cortos y un poncho de colores que combina perfectos con sus zapatos bajos. Pelo corto, güero con raíces negras. Seguro tiene hijos hombres, 2 yo diría. 2 niños y una niña. Todos es curso de verano... yo también los mandaría, cuando no los distraes con algo sano son como el mismísimo diablo. Por eso en las tardes de escuela toman tae kwon do, futból, jazz, pintura, catecismo, y cualquier cosa que los mantenga afuera de su casa.
Y así van pasando, un doctor chaparrito con maletín y lentes, un vendedor de medicinas, una pareja de viejitos (acaba de nacer su nieta), una niñita con su mamá (al pediatra por su vacuna.. la niña va llorando, claro), estudiantes de medicinas que no saben lo que les espera, una jóven con la nariz recién operada, una señora mayor con sus radiografía (que no sea la cadera por favor), una señora con un sweater de arcoiris (se ve feliz)... bueno, para qué seguir, cada segundo aparece alguien nuevo, con una nueva pinta, una nueva historia.
No me canso de hacer esto. Es impresionante la diversidad de facciones y gestos...
Mira! en la ventana de un cuarto más arriba hay una señora recargada viendo hacia abajo, ¿qué habrá pensado de mí?