Aplausos, el aire dentro de la pequeña carpa se llena de fuertes aplausos y vitoreos de los asistentes. Mis manos y rodillas tiemblan pero no es de nervios, al menos ya no lo es.
Desde esa mañana una pequeña preocupación rondaba por los rincones de mi mente, apareciendo sólo cuando alguien hacía mención de ello.
-“¿Qué vas a cantar?”-
… ¿Qué voy a cantar? Repetía para mí misma…. -“Lo que salga saldrá”- era mi respuesta. Eso parecía tranquilizar a los que preguntaban con necedad, y hasta cierto punto me calmaba a mí… sólo hasta cierto punto. La pregunta se repitió infinidad de veces hasta que mis débiles palabras ya no significaban nada, el miedo se apoderó de mí.
Mientras la hora se acercaba lentamente, mi estómago jugaba con la parte cuerda que quedaba dentro de mí. Rugía durante y entre clases, me empezaba a doler sin razón aparente, ya ni yo estaba de mi lado.
Las hojas en donde traía apuntadas diferentes canciones propuestas era ilegible por las arrugas y dibujos que había hecho en una clase, las esquinas estaban rotas y la pluma se había corrido. Ya eran las 2pm.
Una hora y diez minutos más tarde yo ya estaba en el lugar del evento, se veía todo como esperaba, casual, local y de ambiente relajado. No importó mucho porque las manos, sabiendo lo que les esperaba empezaron a sudar, los pies, conociendo su futuro empezaron a temblar al mismo tiempo que los dientes.
Sólo quien haya estado frente a un público (por más pequeño que sea) puede saber lo que sentí en ese momento. Algo dijeron de mi, seguido de mi nombre y sin darme cuenta ya estaba parada sobre una pequeña tarima que fungía como escenario. El micrófono quedó enfrente de mi, y ahí estaba, quieto, negro, intimidante. Lo saqué de su base y me sorprendí a mí misma al no tirarlo. Cerré los ojos, tomé un poco de aire y entonces…. Fluyó.
La música creada por mi voz me empezó a envolver poco a poco en su armonía, y a pesar de ser yo quien la estaba creando, sonó como si viniera de algún lugar desconocido y lejano. El público se volvió un espiral de colores y sólo estábamos el micrófono, mi voz y yo.
Cuando la canción acababa mis manos volvían a temblar, impresionados por la gran hazaña, algunas palabras salieron de mi boca hacia el público que por arte de magia volvió a aparecer ante mí.
La siguiente canción fue como nada que haya experimentado, al abrir la boca pasó exactamente lo mismo que con la anterior, pero en cierto punto de la letra que seguía en mi cabeza, los escalofríos se apoderaron de mí. Saliendo de mi estómago y recorriendo cada parte de mí, sentí la misma canción fluir por mi sangre, llenándome de un sentimiento como pocos, un sentimiento que aún en este momento, tras haber analizado la situación, no puedo entender y explicar. Acabé. Acabé y todo fue claro para mí.
“Music is the only thing that make sense anymore”
Tal vez fue el momento, la circunstancia o tal vez (y me apena decirlo) la misma canción quien me mostró la verdad, quien me abrió los ojos para mostrarme mi camino, probablemente no el más seguro pero definitivamente el más feliz. ¡Quiero cantar! ¡Quiero cantar hasta morir!