8 de diciembre de 2008

What a ride...

Un tiempo para escribir después de un cierre de semestre tan estresante en tantos sentidos. A veces creo que fue demasiado, que sobrepasé mi límite, y que no debería volverlo a hacer, pero dicen que lo que no te mata te hace más fuerte y si eso es cierto… creo que estoy lista para lo que sea.

Recapitulando este semestre, tengo que decir que no fue tan malo, al menos en todo lo que no sea el ámbito académico. Tengo miles de fotos que capturaron esos momentos de alegría, en donde la escuela, las tareas y los maestros desaparecían y sólo estábamos nosotros, quienes somos en realidad, sin presiones, sin estrés, sin corajes, sólo nosotros, un grupo de jóvenes disfrutando de la vida.

Nuestras escapadas entre semana al cine, a la Condesa o a ningún lugar en especial. Los días en los que, cansados de la rutina que nos impone la Universidad, rompimos con la monotonía, no sé, usando pijama en clase, o disfraces para el día de muertos. El Fashion Week, las despedidas y los cumpleaños. Cuando decidíamos salirnos todos de clase para poder ver una película un viernes. Las pláticas en las mañanas cuando es tan temprano que lo que decimos a veces no tiene sentido. Las fiestas temáticas, o las no temáticas en donde mientras unas se divertían, otras se quedaban sentadas en el pasillo esperando (perdón tuk jaja). ¿¡Y cómo no mencionarlo!? Las personas que conocimos que nos divertían en las fiestas y que en algún momento nos quitaron el aliento. Los pubs, la música, las bandas (yeah!), los buenos amigos, los malos amigos, los que iban y venían, los reencuentros, los abrazos, los besos, las locuras, la vida.

Gracias a todos los que formaron parte de mi vida de cualquier forma este semestre, sé que sobreviví gracias a ustedes. Y a todo ellos les quiero decir que aguanten, nos falta vida por vivir.

-cabe aclarar que escribí esto a las 3 de la mañana en un cuarto de hospital, con enfermeras entrando y saliendo todo el tiempo... disculpen la torpe redacción...-

12 de octubre de 2008

Crisis

Voy manejando sin rumbo. Mi parabrisas está sucio y no tengo intenciones de limpiarlo pronto. Desesperada, busco una canción en el radio, las estaciones conspiran en mi contra pasando anuncios constantes intercalándolos con canciones que sólo acaban por desesperarme más.
Sigo manejando sin rumbo, no tengo idea de a dónde quiero llegar. Las opciones pasan por mi mente como nubes de tormenta, poco claras y definidas, sigo manejando, ya tendré que llegar a algún lado...

Entonces un sentimiento de angustia nubló mi visión y la confusión que antes reinaba fue sustituida por un ataque de pánico. ¿A dónde quiero llegar? De pronto, el coche sin rumbo tuvo sentido... y entendí a la perfección.

¿Qué estoy haciendo? Algo ha cambiado, algo profundo. No sé si sea sólo una crisis pasajera, una crisis parecida a la que he visto en otros estudiantes. Eso espero.

Algo que me he dado cuenta a lo largo de la carrera, es que hay ciertas cosas que me hacen feliz, me llenan a un nivel que difícilmente puedo explicar. La primera es leer, me encanta poder sumergirme un mundo paralelo en donde nadie te puede tocar, y a pesar de ese aislamiento que trae la lectura, nunca me siento sola. La segunda es escribir, nunca he sido muy buena hablando, las ideas se atropellan por salir y rara vez parezco capaz de aterrizar una idea, por lo que poder poner mis ideas, sentimientos y posturas en papel es una gran ventaja, puedo pensar las cosas una y otra vez y tachar lo que ya tenía y empezar de nuevo, siento que así las palabras adquieren un significado mayor. La tercera (y esta sí la descubrí a lo largo de la carrera) es el cine, ir al cine, hacer cine. Como el leer, el cine te jala a esos mundos muchas veces irreales en donde se te olvida por un momento la realidad de tu vida y como la escritura, el cine es el resultado de un plan previo, poner las ideas en papel para borrarlas y volverlas a empezar. Es un arte en donde las palabras se mezclan con vívidas imágenes que saturan tus sentidos. Poder hacer eso me encanta, y lo digo en el sentido de que, como si fuera magia, me envuelve alejándome de todo lo demás. Sólo cerrar los ojos y ver una serie de imágenes pasar por mi cabeza, todas en armonía, como si estuvieran ahí desde el principio de los tiempos... podría hacer eso sin detenerme hasta morir.

Sin embargo, a pesar de estos sentimientos tan fuertes hacia una parte de mi carrera, algo ha cambiado desde que entré. En algún punto perdí interés, incluso las clases que deberían gustarme han perdido ese... gancho, eso que me ataba a ellas. Se que esto es lo que quiero hacer, pero ya no estoy segura de que esta sea la forma.

El orden de las cosas es este, sales de prepa, escoges carrera y universidad y después tienes tiempo para vivir, sea como sea, en un trabajo estable, inestable o... bueno cualquier variable entra aquí. Pero, ¿y si este no es el molde para todos? Yo he vivido los últimos años confiada en que esto es para mi, que soy parte de este molde... Tal vez no sea así.

Seguía manejando sin rumbo, buscando buena música sin éxito. Mientras tanto el camino y el destino se volvía más borroso en mi mente. Hay algo que sigue faltando en mi vida, y es algo grande. Todavía necesito salir, salir a explorar, a conocer, a ver, a oler a escuchar, ¡a vivir!

Ya se lo que tengo que hacer. Me quedan unos semestres y planeo acabar como se debe, con esfuerzo y dedicación, con el mejor promedio que se pueda, y después.... después saldré, cambiaré el molde preestablecido, ese molde que ya se que definitivamente no es para mi.

31 de agosto de 2008

Una Luz de Esperanza


8.30 de la noche, las campanas de Catedral empiezan a repicar al tiempo que miles de personas entonan el Himno Nacional. La masa blanca del Zócalo se ilumina poco a poco y de manera desordenada. Son las mismas personas que viven el día a día con miedo las que protestan en silencio por un país más seguro, un país más justo.

Uno pensaría que eso es lo que realmente quería la gente que asistió a la marcha el 30 de agosto.

Yo estuve ahí, caminé desde el Ángel hasta el Zócalo con la esperanza de lograr algo. Yo vivo asustada, preocupada y cansada de este país, su inseguridad, su corrupción y su impunidad. Pero la gente a mi alrededor, al menos gran parte de esa masa, se movía por inercia, empujada no se si por las cámaras de televisión, o por la experiencia de socializar. En fin, el propósito inicial se perdía entre las conversaciones triviales que se llevaban a cabo en los grupos con los que compartía calle. No se si esté bien pero no se sentía ni miedo, ni dolor en las calles, al menos lo que alcancé a ver.

El momento de emoción durante la marcha fue a las 8.30, cuando una vela prendida incitó a las demás a hacer lo mismo al tiempo que las campanas llenaban el aire contagiando un sentimiento nunca ates visto, ahí fue cuando los presentes se unieron, pero sólo los presentes y probablemente los que lo vieron por televisión.

Otra cosa que notamos fue el nivel de la gente, era claro de qué círculos salía esa gente, probablemente sí sean los más afectados por los secuestros, si son los que tienen dinero, pero ¿que los demás no son también víctimas de la inseguridad y de las injusticias de este país? A ellos también los secuestran, ya no se necesitan grandes cuentas en los bancos para ser blanco de secuestradores, en estos tiempos hasta $500 bastan. Esta separación me preocupa, me preocupa que n país no se pueda unir ni por una causa tan honesta y sincera como lo era esto. Tal vez tenga que ver los medios de difusión utilizados, muy globales pero a la vez excluyentes, ¿cómo es posible que 8 países hayan realizado marchas simultáneas, cuando los mismo alumnos de la UNAM no estaban enterados de este movimiento?

El fin de la marcha está bien, ya es hora de que nos escuchen y de que el gobierno haga algo para frenar la ola de violencia e inseguridad que se vive en las calles de todo el país, pero yo propongo, que si se va a hacer un evento de esta magnitud que se haga bien, no sólo hablando de la organización y del alcance de la misma marcha, sino hay que hacerlo bien, porque ya es hora, porque ya es el momento de actuar por el bien y la seguridad de todos los mexicanos. Que escuchen los gritos de "México, queremos paz" y que hagan algo al respecto, pero antes hay que sentirlo, hay que involucrarnos con la causa porque no es de uno, no es de un grupo, ni siquiera es sólo de esta ciudad, este problema involucra a todos ellos que alguna vez han puesto pie en México, todos aquellos que salen temprano de sus casas rezando porque puedan regresar completos, todos los que lloran cuando ven las noticias, los que no duermen por el miedo y los que sufren por algún familiar perdido.

Por esto debemos unirnos, sólo así escucharan nuestros gritos.

28 de agosto de 2008

Dona Sangre, Dona Vida

Hoy doné sangre. Por primera vez en mi vida doné sangre. Y a pesar de los nervios y el leve dolor y molestias que me causó, lo volvería a hacer.

Cuando me dijeron que no podría donar plaquetas por que mis venas estaban demasiado delgadas me asusté, era justo lo que iba a donar, era lo que necesitaba para ayudar y no podría hacerlo. Me sentí inútil. Estuve sentada en ese pequeño cuarto aproximadamente media hora esperando que mis venas se dilataran un poco, quería hacer todo lo posible antes de rendirme. Incluso empecé a buscar otros posibles donadores en caso de que yo no sirviera. Pero por fin, después de un café y después de tranquilizarme, mis venas hicieron el trabajo y estaba lista.

El proceso fue largo, veía mi sangre ir y venir por la manguera. Yo siempre he sido especial con el asunto de la sangre, no la aguanto, me mareo y hasta me puedo desmayar, sin embargo ayer, más que nauseas por la sangre que viajaba frente a mis ojos, lo que sentí fue... increíble. Estaba cumpliendo con un propósito mayor, no se si me explique bien... no creo poder explicarlo.
Creo que la mejor parte, o mejor dicho, la parte en donde me di cuenta de la magnitud de este acto completamente desinteresado, fue cuando salí del banco de sangre a saludar a la familia.

En 3 o 4 días planeo regresar a donar un poco más.

-Para los que lean esto, se siguen necesitando plaquetas.
Si pueden donar, por favor háganlo. Médica Sur para Cándido Martínez-

26 de agosto de 2008

Es Hora

Llegó el momento de cerrar el círculo. Sólo falta una cosa por hacer, pero por fin, estoy lista.

20 de agosto de 2008

Cinema Paradiso


Clase de reposición de Guión Cinematográfico, íbamos a ver una película que no nos daba tiempo de ver en clase regular. Nadie sabía cuál era hasta que entramos al salón y vimos la caja sobre el escritorio: Nuovo Cinema Paradiso. Yo ya había visto esta película (unas 3 o 4 veces) pero no importó mucho, sigue siendo una de mis favoritas. Antes de empezar había que prepararse, fui por papel por aquello de las escenas lacrimosas, unos dulces y listo, podíamos comenzar.

Desde el momento que empieza se puede sentir el ambiente de la película, una especie de drama mezclado con amor y pasión por el cine, ilustrado con escenas que llenan de magia el lugar que sea y todo esto, mezclado con las impecables melodías de Ennio Morriconne te logran transportar a otro lugar, a una realidad lejana y ajena que se vuelve propia.

Quienes la hayan visto sabes a lo que me refiero. Quienes la hayan visto más de una vez sabes que siempre se enternecerán con las palabras y acciones del pequeño Toto, al igual que con los consejos y el cariño de Alfredo...

No puedo decir más, recuerdo cada escena casi con un nudo en la garganta.

http://www.imdb.com/title/tt0095765/

28 de julio de 2008

El Foco Fundido

Quiero escribir, hace mucho no escribo y siento que ya es hora de volver a hacerlo. Perfecto, escribiré... Sentada en el piso con mi computadora abierta en esta página, veo en el cuadro esa pequeña línea parpadear. Está bien, voy por café, eso sirve a veces... mentira, no puedo tomar café, bueno un vaso de agua será suficiente por el momento.
Ahí sigue la pequeña línea... parpadeando... esperando mis órdenes para moverse... parpadeando...

¿¡Qué pasa!? ¡Sí quiero escribir! después de casi dos meses de vacaciones debería ser capaz de escribir algo, pero al parecer no acaba de haber inspiración, incluso estas pocas y torpes líneas me están costando trabajo. Repasemos un poco, fui a una graduación, acabé las prácticas de radio con un programa, conocí gente peculiar, salí a un antro después de un año y recordé que de vez en cuando no está mal pero que definitivamente prefiero los bares, descubrí mi pub favorito, me fui a ticuman, ordené mi cuarto unas tres veces, aprendí a hacer galletas, dejé a medias un cuadro pero terminé 3 libros que tenía pendientes y empecé uno nuevo, recibí coche... sí, han sido unas vacaciones ocupadas, unas buenas vacaciones... entonces...

¡¡¡Que alguien me explique por qué no puedo escribir nada!!!

La verdad... es que conozco la respuesta. La verdad es que hay cosas que me siguen dando vueltas en la cabeza, no se si sea por que esas ideas hayan cobrado vida propia y hayan decidido quedarse o por el simple afán que yo sola he creado para retenerlas. Sea cual sea la razón, ahí están, a veces no me dejan dormir del todo, a veces hacen su aparición en los momentos menos indicados e incluso hay veces que están ahí todo el día, como una sombra que obscurece el fondo de mi mente. Y me sorprende que después de tanto parece que no se quieren acabar de ir.

Pero todavía no puedo sacarlo, al menos no del todo. Se lo que debería decir y se a quién debería decírselo, pero también se que si el momento de hacerlo llegará (y tarde o temprano tiene que llegar), mi lengua sólo se enredaría con las palabras que a la vez estaría revueltas y desordenadas.

Se que debería escribir sobre eso, cerrar ese ciclo por completo, pero no puedo, hoy no, no estoy lista... pronto tal vez, muy pronto.

17 de mayo de 2008

Cantar Hasta Morir


Aplausos, el aire dentro de la pequeña carpa se llena de fuertes aplausos y vitoreos de los asistentes. Mis manos y rodillas tiemblan pero no es de nervios, al menos ya no lo es.

Desde esa mañana una pequeña preocupación rondaba por los rincones de mi mente, apareciendo sólo cuando alguien hacía mención de ello.
-“¿Qué vas a cantar?”-
… ¿Qué voy a cantar? Repetía para mí misma…. -“Lo que salga saldrá”- era mi respuesta. Eso parecía tranquilizar a los que preguntaban con necedad, y hasta cierto punto me calmaba a mí… sólo hasta cierto punto. La pregunta se repitió infinidad de veces hasta que mis débiles palabras ya no significaban nada, el miedo se apoderó de mí.

Mientras la hora se acercaba lentamente, mi estómago jugaba con la parte cuerda que quedaba dentro de mí. Rugía durante y entre clases, me empezaba a doler sin razón aparente, ya ni yo estaba de mi lado.
Las hojas en donde traía apuntadas diferentes canciones propuestas era ilegible por las arrugas y dibujos que había hecho en una clase, las esquinas estaban rotas y la pluma se había corrido. Ya eran las 2pm.

Una hora y diez minutos más tarde yo ya estaba en el lugar del evento, se veía todo como esperaba, casual, local y de ambiente relajado. No importó mucho porque las manos, sabiendo lo que les esperaba empezaron a sudar, los pies, conociendo su futuro empezaron a temblar al mismo tiempo que los dientes.

Sólo quien haya estado frente a un público (por más pequeño que sea) puede saber lo que sentí en ese momento. Algo dijeron de mi, seguido de mi nombre y sin darme cuenta ya estaba parada sobre una pequeña tarima que fungía como escenario. El micrófono quedó enfrente de mi, y ahí estaba, quieto, negro, intimidante. Lo saqué de su base y me sorprendí a mí misma al no tirarlo. Cerré los ojos, tomé un poco de aire y entonces…. Fluyó.

La música creada por mi voz me empezó a envolver poco a poco en su armonía, y a pesar de ser yo quien la estaba creando, sonó como si viniera de algún lugar desconocido y lejano. El público se volvió un espiral de colores y sólo estábamos el micrófono, mi voz y yo.

Cuando la canción acababa mis manos volvían a temblar, impresionados por la gran hazaña, algunas palabras salieron de mi boca hacia el público que por arte de magia volvió a aparecer ante mí.

La siguiente canción fue como nada que haya experimentado, al abrir la boca pasó exactamente lo mismo que con la anterior, pero en cierto punto de la letra que seguía en mi cabeza, los escalofríos se apoderaron de mí. Saliendo de mi estómago y recorriendo cada parte de mí, sentí la misma canción fluir por mi sangre, llenándome de un sentimiento como pocos, un sentimiento que aún en este momento, tras haber analizado la situación, no puedo entender y explicar. Acabé. Acabé y todo fue claro para mí.

“Music is the only thing that make sense anymore”

Tal vez fue el momento, la circunstancia o tal vez (y me apena decirlo) la misma canción quien me mostró la verdad, quien me abrió los ojos para mostrarme mi camino, probablemente no el más seguro pero definitivamente el más feliz. ¡Quiero cantar! ¡Quiero cantar hasta morir!

14 de mayo de 2008

V for Vendetta

No hay mucho que decir... A mi parecer una excelente película...

Voilà! In view, a humble vaudevillian veteran, cast vicariously as both victim and villain by the vicissitudes of Fate. This visage, no mere veneer of vanity, is a vestige of the vox populi, now vacant, vanished. However, this valorous visitation of a by-gone vexation, stands vivified and has vowed to vanquish these venal and virulent vermin van-guarding vice and vouchsafing the violently vicious and voracious violation of volition. The only verdict is vengeance; a vendetta, held as a votive, not in vain, for the value and veracity of such shall one day vindicate the vigilant and the virtuous. Verily, this vichyssoise of verbiage veers most verbose, so let me simply add that it's my very good honor to meet you and you may call me V.

2 de marzo de 2008

Que fin...

..y no es que haya hecho muchas cosas, sólo fueron demasiadas emociones comprimidas en tan pocos días. Empezando por el viernes, un día peculiar. Un examen sencillo, un poco de trabajo y la emoción del plan que se llevaría acabo más tarde.
Pasé la tarde sin ninguna otra complicación, incluso me atrevo a decir que fue un poco aburrida (omitiendo el viaje en camión con maletas...). Pero poco más tarde me enteré de algo que me dejó helada, no por el coraje o enojo, sino por la sorpresa...

Nunca pensé que una persona pudiera llegar a eso. No voy a decir quién ni qué fue lo que pasó, sólo tengo que decir que francamente esperaba más de esa persona que alguna vez fue alguien grande en mi vida. Ahora todos lo sentimientos que pude haber tenido han desaparecido por completo, no queda ni la sombra, es más ni siquiera el sentimiento de culpa que me abrumaba... nada, no queda nada, soy completamente libre. Si es que llega a leer esto sólo tengo una cosa que decir... gracias. Muchas gracias por hacer que me olvidara completamente de todo y que viera las cosas del pasado como lo que son: pasado. Gracias por hacer que me diera cuenta que era hora de seguir adelante. Diría que siento mucho que las cosas hayan acabado así... pero no lo diré porque ya no lo siento, las cosas pasan por algo y si terminó así fue porque sería lo mejor.

Después del momento de sorpresa recibí un abrazo y sólo escuché "nosotros estamos aquí, no necesitas más"... y qué cierto fue. Esa noche me divertí como pocas, en parte por el plan, pero más que nada porque esta vez sentí como nunca el apoyo, cariño y amistad, no de muchos, pero de los más importantes.

El sábado no pude dejar de sonreír. El día estaba obscuro y nublado pero no dejé de sonreír. Sonreírle al día, a la vida, a los amigos... porque cuando los tienes (y me refiero a los verdaderos amigos), sin importar la cantidad, todo esta bien... todo esta perfecto. Ya no necesito más.

4 de febrero de 2008

Sueños

Silencio. Sólo el sonido del viento rompe la quietud y tranquilidad del momento. El pelo cae sobre mi cara sin cuidado alguno, pero la única vista que bloquea es la del cielo azul y despejado, no puedo ver nada más. Cierro los ojos. Al abrirlos me encuentro en una playa, puedo sentir la arena y el agua debajo de mis pies. El viento sigue soplando y me he rendido con el pelo, sólo dejo que caiga desordenadamente sobre mi cara y hombros.

Después de escuchar al viento y mar hablarme decido caminar un poco. Mis pies parecen saber hacia donde se dirigen, y al caminar parece que flotaran sobre la playa. El mar me sigue hablando, susurra cosas y tengo que escuchar con cuidado para no perder ni un sólo detalle. Pero no logro entender, ni siquiera logro escuchar. Dentro de mi cabeza millones de ruidos me invaden poco a poco, pensamientos, remordimientos, recuerdos, esperanzas, críticas, desilusiones, ilusiones, dificultades... No puedo. Me estoy sofocando.
Mis pies empiezan a pesar y de pronto me encuentro hundida en la arena, me estoy ahogando, ya no puedo respirar. Todo se vuelve negro.

Los pensamiento se aferran a mi, no los puedo arrancar. Por más que intento siguen ahí, no me dejan caminar, no me dejan seguir. Basta. Tengo que seguir, tengo que caminar, tengo que respirar. No es difícil, recuerdo cómo hacerlo, yo puedo, sé que puedo, tengo que poder.

Duele deshacerse de este peso, no entiendo por qué. Simplemente nos estorba, no debería estar ahí, no debería ser complicado. Sin embargo lo es, duele arrancar pedazos de vida, duele olvidar, duele seguir adelante.
Al ir arrancando estos pedazos, una lágrima escurre por mi mejilla. Luego otra, y otra y otra. Valdrá la pena.

Silencio. Esta vez el único sonido es el de mi respiración. Poco a poco la luz vuelve a aparecer junto con los colores. El aire regresa a mis pulmones y el vacío que sentía se empieza a llenar. Nos e que sea exactamente pero me siento... viva. Más que eso me siento libre. Sí, eso es, libertad. Ya no tengo nada que perder. Ahora toca vivir.

10 de enero de 2008

Más historias...

-Buenas Noches- dijo el conductor mientras me subía al taxi. -Buenas noches- contesté yo. Después de eso nada... Ni un sonido durante el camino. Las platicas con desconocidos me ponen nerviosa, pero probablemente los silencios lo logren más rápido. No tardo en voltear a la ventana, apenas se ve a través del vidrio y las luces de afuera no ayudan mucho. Junto a la Iglesia, alcanzo a ver a la señora que vende quesadillas, probablemente lleve 15 años trabajando en el mismo lugar, noche tras noche, sin descanso alguno. En un principio lo hizo para alimentar a su familia, ya que su esposo había sido despedido de la fábrica por un delito que él no cometió. Este incidente lo condujo al alcohol, al poco tiempo abandonó a su familia que no volvió a saber de él. Desde ese momento, no quedó otra opción, tenía que alimentar a sus hijos, tenía que salvar a su familia. Pero ahora, 15 años después ya era más que una obligación, ya era su vida, algo que la hacía sentir completa, jamás lo podría dejar.

El cuello me empezaba a doler, y me vi forzada a voltear hacia adelante. Una luz muy brillante me pegó en los ojos y cuando desapareció estaba viendo al espejo, en donde se reflejaba el callado conductor. Decidí observar con detenimiento aquel reflejo, no podía ver los ojos ya que los lentes brillaban con las luces de fuera, pero su mirada estaba fija al frente, de eso no tengo ninguna duda. Él es parte del sustento familiar, su esposa es maestra de primaria muy cerca de su hogar. Tiene un hijo, no, dos hijos, de 13 y 10. A los dos les gusta el fútbol y esperan que algún día su papá llegue a jugar con ellos. Pero él es un hombre dedicado y trabajador, no hay mucho tiempo para juegos y esas cosas, hay que trabajar y trabajar bien. Sin embargo, sueña con un día retirarse y llevar a su familia de viaje, a donde sea, lejos, lejos de esta mefítica y dura ciudad. Algún día, pronto tal vez..

El camino se hacía largo aunque la distancia era corta. Traté de asomarme al taximetro... $30... Nada mal.

Después de un café y una plática es hora de regresar. Caminando veo a un grupo de señores platicando y poco más adelante un hombre tirado en la calle... decidí caminar un poco más rápido. Otra vez las luces y el reflejo del vidrio hacen las cosas difíciles pero fue muy claro lo que vi, una cara conocida, una historia que ya me sabía. Una ola de recuerdos se apoderó de mí, al mismo tiempo que un escalofrío recorría mi cuerpo. Parecían años desde la última vez que vi esa cara, un recuerdo tan lejano, recuerdos que a pesar de ser parte de mí, pareciera que se esfumaran con cada respiro. Ahora casi son recuerdos de otra vida, de un universo paralelo. Pero ya que importa. Lo importante son las historias que contamos al final y las historias que encontramos, porque en cada esquina hay una persona con algo que contar, con un pasado que descubrir. Sólo es cosa de saber escuchar, pero más importante, saber observar.