8.30 de la noche, las campanas de Catedral empiezan a repicar al tiempo que miles de personas entonan el Himno Nacional. La masa blanca del Zócalo se ilumina poco a poco y de manera desordenada. Son las mismas personas que viven el día a día con miedo las que protestan en silencio por un país más seguro, un país más justo.
Uno pensaría que eso es lo que realmente quería la gente que asistió a la marcha el 30 de agosto.
Yo estuve ahí, caminé desde el Ángel hasta el Zócalo con la esperanza de lograr algo. Yo vivo asustada, preocupada y cansada de este país, su inseguridad, su corrupción y su impunidad. Pero la gente a mi alrededor, al menos gran parte de esa masa, se movía por inercia, empujada no se si por las cámaras de televisión, o por la experiencia de socializar. En fin, el propósito inicial se perdía entre las conversaciones triviales que se llevaban a cabo en los grupos con los que compartía calle. No se si esté bien pero no se sentía ni miedo, ni dolor en las calles, al menos lo que alcancé a ver.
El momento de emoción durante la marcha fue a las 8.30, cuando una vela prendida incitó a las demás a hacer lo mismo al tiempo que las campanas llenaban el aire contagiando un sentimiento nunca ates visto, ahí fue cuando los presentes se unieron, pero sólo los presentes y probablemente los que lo vieron por televisión.
Otra cosa que notamos fue el nivel de la gente, era claro de qué círculos salía esa gente, probablemente sí sean los más afectados por los secuestros, si son los que tienen dinero, pero ¿que los demás no son también víctimas de la inseguridad y de las injusticias de este país? A ellos también los secuestran, ya no se necesitan grandes cuentas en los bancos para ser blanco de secuestradores, en estos tiempos hasta $500 bastan. Esta separación me preocupa, me preocupa que n país no se pueda unir ni por una causa tan honesta y sincera como lo era esto. Tal vez tenga que ver los medios de difusión utilizados, muy globales pero a la vez excluyentes, ¿cómo es posible que 8 países hayan realizado marchas simultáneas, cuando los mismo alumnos de la UNAM no estaban enterados de este movimiento?
El fin de la marcha está bien, ya es hora de que nos escuchen y de que el gobierno haga algo para frenar la ola de violencia e inseguridad que se vive en las calles de todo el país, pero yo propongo, que si se va a hacer un evento de esta magnitud que se haga bien, no sólo hablando de la organización y del alcance de la misma marcha, sino hay que hacerlo bien, porque ya es hora, porque ya es el momento de actuar por el bien y la seguridad de todos los mexicanos. Que escuchen los gritos de "México, queremos paz" y que hagan algo al respecto, pero antes hay que sentirlo, hay que involucrarnos con la causa porque no es de uno, no es de un grupo, ni siquiera es sólo de esta ciudad, este problema involucra a todos ellos que alguna vez han puesto pie en México, todos aquellos que salen temprano de sus casas rezando porque puedan regresar completos, todos los que lloran cuando ven las noticias, los que no duermen por el miedo y los que sufren por algún familiar perdido.
Por esto debemos unirnos, sólo así escucharan nuestros gritos.
