En el aeropuerto no lo podía creer, ahí estaba mi familia despidiéndome y yo permanecía ahí parada... sin inmutarme, con mi bolsa en un hombro y mi pasaporte en la mano, probablemente con cara de turista perdida. Hablé por teléfono con los que extrañaría más, sentía las lágrimas venir pero nada salía. El momento por fin llegó y crucé hacia la sala. Volteé por última vez y vi a mi familia de lejos, luego vi a Paola y las dos solo pudimos sonreír. Este viaje era un sueño que venía formándose desde hace un año... y por fin llegó el día.
Ya en la sala volví a hablar por teléfono, esta vez el sentimiento fue más fuerte y tuve que respirar profundo para entrar al avión.
Cinco horas de vuelo. Me asomaba a la ventana y sólo nubes y un pedazo de mar. Acabé cerrando la ventana y con ella los ojos.
Poco después ya estábamos más allá de la aduana, arrastrando las maletas y buscando un taxi, "To the upper West? 50dls" Auch... "Welcome to New York". Dentro del taxi trataba de comunicarme tanto con el taxista como con mi familia cuando miré a la ventana y las luces me cegaron. Cada luz que se reflejaba en el agua nos daba la bienvenida.
El taxi se fue, dejándonos al pie de nuestro edificio. Las dos nos volteamos a ver sólo parta gritar de la emoción. Una hora después ya estábamos instaladas y listas para buscar comida. La solución, una caminata por Columbus hasta Gray's Papaya... y de regreso.
Ahora planeo dormir si puedo, realmente no me he dado cuenta de que ya estoy aquí, de que esto está pasando y de que probablemente éste sea el viaje de mi vida.
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